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NOTA ......
Acumulación,
inclusión... y valijas
27/12/07
Por Oscar Taffetani
(APe).- “Uno de los capítulos
fundamentales de este proceso
tiene un modelo económico de
acumulación con matriz
diversificada e inclusión
social”, dijo la presidenta
Cristina Fernández de Kirchner
en su discurso de asunción, el
pasado 10 de diciembre.
Pocas horas después del mensaje,
cuando los medios argentinos
comenzaban a hacer una segunda
digestión de las imágenes,
chismes y discursos vertidos el
fin de semana, la noticia de la
intercepción de una valija con
800 mil dólares sin declarar,
que viajaba en manos de un
enigmático empresario
venezolano, ganó la tapa de los
diarios y se convirtió en el
tema líder.
Nadie habla ya, en estas
primeras semanas del gobierno de
Cristina, de la “acumulación con
inclusión”, de las cuestiones
“de género”, del “relato que nos
merecemos” y otras vaguedades. Y
sí ha vuelto a aparecer, con
matriz diversificada (perdón por
la ironía) el viejo relato de la
corrupción, el viejo relato de
los negociados, el de la entrega
del patrimonio público. Ese
odioso relato del fraude
político. Ese maldito relato
argentino de la traición y la
frustración de la fe popular.
Capitalismo en serio
El narcotráfico es un negocio
absolutamente capitalista. Hay
allí campesinos explotados,
obreros explotados, burócratas y
gerentes, propietarios e
inversores, bancos y compañías
de seguros, ejércitos privados y
también funcionarios del Estado,
de mayor o menor categoría, que
brindan la protección necesaria
al inversor (es decir, al dueño
del capital).
Para esa mercancía llamada
droga, existe un mercado. O sea:
existen consumidores de
narcóticos y drogas prohibidas,
capaces de gastar fortunas
obedeciendo a su adicción.
En los tiempos del “uno a uno”
menemista, la cocaína estaba
barata en Buenos Aires y en la
costa bonaerense. Así, fue
creándose un mercado interno,
con jóvenes de clase media baja
y de estratos más pobres que
entraban en el círculo de la
adicción o participaban en la
distribución.
Al terminar la convertibilidad,
la cocaína volvió a estar
inaccesible para los pobres, y
entonces ese flamante mercado
interno creado en la Argentina
corría el riesgo de desaparecer.
Entonces, los empresarios de la
cocaína introdujeron el “paco”,
un residuo venenoso y mortal,
entre los jóvenes de los
cordones más pobres del
conurbano bonaerense y de otras
ciudades del país.
El aparato puesto al servicio de
los empresarios del “paco” (que
son, lógicamente, los mismos
empresarios de la cocaína), se
adaptó perfectamente. 

Y
los chicos consumidores de ese
veneno comenzaron a caer por
docenas, en las villas y los
barrios pobres, en las cuevas y
rendijas urbanas, en esos
pequeños lugares en donde ellos
desafían con una única carta,
marcada y sin valor, a la
muerte.
Entonces, primero en voz baja y
luego a viva voz, los
accionistas e inversores del
“paco” comenzaron a decir que
esa droga cumple una función de
regulación demográfica, ya que
esos pibes “incorregibles” (el
adjetivo ya lo está usando el
ministro Stornelli) no pueden
incluirse, no tienen lugar en la
sociedad.
Para esos chicos “que sobran”
(así lo hubiera expresado
Malthus); para esos pibes que no
tienen lugar y que no se quieren
ir de buenas maneras (ya que se
salvaron de la desnutrición, por
ejemplo, o de la tuberculosis,
el dengue o el chagas); para
esos chicos que se rebelan,
violentos, contra el destino que
el capitalismo en serio les ha
fijado, el sistema inventó el
“paco”.
Y fue para esos mismos chicos
-pensamos- que el sistema
inventó los asesinatos
tolerados, los escuadrones, el
gatillo fácil, la muerte
administrada como una rutina por
las fuerzas del orden, de este
orden injusto que ha hecho de la
excepción la regla.
Hemos descripto aquí, con pocas
palabras, el negocio de la droga
y su articulación con un plan de
exterminio. Podríamos haber
hablado del juego y de la
prostitución legales, también. O
del juego y la prostitución
ilegales. La diferencia es muy
sutil.
O podríamos haber hablado de
esos abultados cheques que se
depositan en bancos, para pagar
algún servicio o financiar
alguna campaña. O de valijas
llenas de dólares utilizados
para pagar esos mismos
servicios, sólo que al contado.
La diferencia es muy sutil.
Tal vez podríamos haber hablado
de la siembra directa de soja,
previa eliminación del bosque
nativo, previa expulsión de los
pobladores originarios.
O de las pasteras, por qué no,
esas pasteras indispensables
para un mundo de cartón y
apariencias; indispensables para
la libertad de prensa y para el
futuro de Occidente.
La acumulación (palabra
marxista que súbitamente hemos
hallado en boca de los
gobernantes) es implacable. La
acumulación no conoce término
medio. O se acumula o no se
acumula. Porque la lógica del
capital es acrecentarse a sí
mismo. Pedir entonces
“acumulación con inclusión” es,
cuanto menos, ingenuo.
Aquí estarás más cómodo / de
lo que estabas en el mundo,
cantaba Chico Buarque en su
canción “Funeral de un
labrador”. Es la parte que
te toca / de este latifundio...,
agregaba.
No hay elementos nuevos (¡y que
lo digan los Sin Tierra!) para
pensar que esa cruda realidad
del capitalismo ha cambiado. |

Otra vez en la vía de la
traición
26/12/07
Por Carlos del Frade
(APe).- No hay vida cotidiana
sin transporte. Quien maneje el
transporte manejará un
formidable negocio derivado de
las urgencias básicas de la vida
cotidiana de las mayorías.
Es una regla básica del
capitalismo.
Por eso, a fines de los años
cincuenta y principios de los
sesenta, un emisario del
ejército norteamericano, Larkin,
impuso el proyecto de las
grandes compañías automotrices
del mundo.
Había que desplazar a los
trenes, construir carreteras y
levantar altares a los grandes
camiones |
MANO A MANO CON ROBERTO
PERFUMO
Una nota diferente con el
Mariscal. Su infancia, la fama,
el tango, el fútbol.
Roberto
Perfumo es todo un personaje de
la historia del fútbol
argentino. Con él mantuvimos un
mano a mano para hablar de la
vida, no solo del fútbol.
- ¿Cómo
fue tu niñez?
- Yo nací
en Sarandí, en la provincia de
Buenos Aires, me he criado en un
barrio absolutamente de
trabajadores, de calles de
tierra.
Mis
primeros recuerdos empiezan en
el terraplén de la vía, por
atrás del barrio pasaba un tren
que iba a La Plata, creo que a
Olavarría también, que ahora
está fuera de servicio. Los
primeros recuerdos están
relacionados con la pelota, con
los chicos amigos. Después
empieza la primaria, la escarcha
a la mañana, viste que ibas
fumando con el aliento que
echaba humo...
- Eso ya
no pasa más ...
- Ya no
pasa más, ya no hay escarchas,
no hay heladas.
- Y
además, no vas más a la escuela
...
- Claro
(risas).
Pero tengo
un recuerdo muy lindo de ir
pisando la escarcha, porque
arrancábamos temprano para la
escuela y allí estábamos hasta
las doce. Después recuerdo a la
vieja haciendo la comida en
casa. Eramos cuatro hermanos, mi
viejo era albañil, mi mamá como
correspondía en esa época era
ama de casa. Fue una niñez
feliz.
Después a
los 13 años viene la experiencia
del Oratorio Don Bosco, yo tuve
una crianza saleciana, hasta fui
monaguillo en una época
- Y a
algunos delanteros a los que no
tratabas demasiado bien, ¿les
mostrabas la foto de monaguillo?
- (Risas)
No, les mostraba la cara.
Pero fijáte
que mi primer técnico de fútbol
fue un cura, que se llamaba
Faustino Prieto.
- ¿Qué
hiciste con el primer dinero
importante del fútbol?
- El primer
dinero que gané lo dejé en casa.
Nosotros siempre le dábamos el
sobre a la vieja, cuando
trabajaba de aprendiz de tornero
a los 13 años.
Y la
primera plata en el fútbol
también la dejaba en casa, para
refaccionarla, para agrandarla.
No tuvo un destino cierto, no me
compré un auto de 120.000
dólares.
- Una
vez me dijiste que sabías tanto
de fútbol como de tango, ¿qué es
el tango para Roberto Perfumo?
- El tango
es lo que nos acompañaba junto
con el fútbol. Las primeras
lecturas fueron con “El alma que
canta”, una revista que editaba
todas las letras, y me acuerdo
como de 250 letras. Y de ahí mi
afición, y realmente sigue
siendo para mi una expresión
poética fantástica. Yo después
viví la transición hacia la
música del Club del Clán, la
nueva ola que se llamaba, y
después llegó el rock y arrasó
con todo.
- Vos
jugaste 4 años en Brasil. Según
tu experiencia, ¿pensás que hay
diferencias entre los dos
pueblos, entre el argentino y el
brasileño?. ¿Ellos son tan
alegres y nosotros tan
melancólicos?
- Sí, ellos
tienen un sentido de la vida
diferente: siempre ven la parte
buena. Ellos siempre ven todo
con optimismo: mañana va a ser
mejor. El argentino piensa que
mañana va a ser peor. Fueron
colonizados por otra gente.
Nosotros somos muy de nostalgia,
de envidia, de prejuicios, somos
casi todos hijos de españoles e
italianos.
- Por
eso no escribieron tangos allá
...
-
Exactamente, la música marca
muchas cosas.
Pero yo no
vi complicarse la vida a ningún
jugador después de una derrota.
Yo me quedaba enojado y ellos me
tranquilizaban.
A veces
molesta un poco esa cierta
irresponsabilidad, pero ellos
disfrutan más de la vida, viven
mucho más liviano y tienen
razón.
- ¿Que
te dejó la profesión de técnico?
- En
principio pensé que era más
fácil, porque yo estaba bastante
cerca del entrenador mientras
jugaba. Pero cuando me tocó
dirigir a mí, me di cuenta de
que me temblaban las piernas.
El técnico
es un líder conductor de grupos,
es una persona que tiene que
tener responsabilidad, que tiene
que absorber, dar contención y
poner límites. Hoy en día está
bastardeada porque la plata
empezó a ensuciar todo, pero yo
creo que es una profesión
fantástica, si uno tiene el
coraje.
- ¿Qué
relación tuviste con el público?
-
Maravillosa. La relación con el
público tiene una clave para el
futbolista. Creo que desde que
empecé a jugar y hasta que
terminé, con cualquier camiseta
y ganando o perdiendo, nunca le
hice un solo gesto a la gente.
Sólo un saludito si te aplaude
mucho y nada más. Por eso yo hoy
entro a la cancha de
Independiente y no me insultan.
Creo que hay una memoria en el
hincha de la conducta que tiene
el jugador dentro de la cancha.
Hoy también eso cambió.
- Y la
última. Me vas a perdonar la
infidencia, pero si podés
contame que hacías con las
cartas que te mandaban las
admiradoras.
- (Risas)
Cuando empezó la gran fama yo
estaba recién casado, y había
chicas que daban vueltas, y
éramos muy jóvenes, entonces yo
a Mabel para curarla un poco,
porque sabía que estaba celosa
como debe ser, le daba las
cartas de las chicas para que
las contestara ella. Y le
aparecían cada cosa y cada
dibujo. Y se curó bastante.
(risas).
Si alguna
vez usted tiene la chance de
poder hablar un rato con Roberto
Perfumo, no la desperdicie: es
un momento enriquecedor. Saldrá
con el espíritu mejorado.
Marcelo
Mármol De Moura
ENTREVISTA A UBALDO
MATILDO FILLOL
“La cima máxima fue el
Mundial ’78”
Hablamos mano a mano con
uno de los dos o tres
mejores arqueros de la
historia del fútbol
argentino, sino el mejor.
Ubaldo Matildo Fillol,
alias “el Pato”, un grande
de todas las épocas.
Alguna vez pensé que si un
poste se instalara en La
Quiaca, otro poste en
Ushuaia y un largo
travesaño recorriera
hipoteticamente el país,
el único arquero que
podría volar de palo a
palo sería Fillol.
En esta charla mostramos
al Fillol deportista, pero
también al Fillol hombre.
- ¿Cómo fue su infancia
en San Miguel del Monte,
el pago chico?
- Yo viví mi infancia
allí, pero aún hoy lo
hago. Yo estoy más tiempo
en San Miguel del Monte
que en la Capital Federal.
Me veo con mis amigos de
la infancia, recorro las
calles de mi infancia.
Muchos me preguntan si
estoy de vacaciones y yo
les digo que no, que yo
nunca me fui de acá.
- ¿Cómo era el Fillol
niño?
- Normal, un niño normal.
La escuela, el potrero. A
partir de los 10 años
empecé a trabajar para
ayudar en mi casa. Yo soy
el más pequeño de cuatro
hermanos, y como no
sobraban recursos
económicos , aunque nunca
nos faltó nada, lo tuve
que hacer. Una infancia
linda, porque a través de
los años me di cuenta que
todo eso me hizo valorar
más las cosas que con el
tiempo fui logrando con el
fútbol.
- ¿Cuándo se dio cuenta de
que iba a ser arquero?
- A los 14 años. Yo jugaba
en el club San Miguel, de
Monte, y lo hacía de
volante central o de
arquero. En la cuarta de
arquero y en la tercera de
número 5.
Cuando viajé a Quilmes a
probarme en el año ’64,
llegó la hora de
definirme. Me preguntaron
el puesto, dije de arquero
o de número 5. Y me
dijerom que tenía que
elegir uno, y elegí el de
arquero. A partir de allí,
hice la prueba como
arquero y nunca más me
moví de allí.
- ¿Cuál fue el momento
cumbre de su carrera?
- Hay un momento que es
por lejos el mejor. La
cima máxima fue cuando
fuimos campeones del mundo
en el ’78, era la primera
selección en la historia
que conseguía un título a
nivel mundial. Es historia
pura y estoy dentro de
esos héroes que lo
lograron.
- Muchos opinan que usted
ha sido el mejor arquero
argentino de la historia.
¿Cómo era en el arco,
cuáles eran sus puntos
fuertes?
- Eso corre por cuenta de
quien lo dice. De todas
maneras, hace 17 años que
dejé de jugar y mucha
gente me lo dice en la
calle.
Yo era un arquero que
tenía unas piernas
maravillosas, era muy
ágil, tenía buenos
reflejos y yo digo que era
un mono, porque un día me
di cuenta de que tengo los
brazos más largos que lo
normal.
Y aparte, el carácter. No
lo decía, pero me creía el
mejor, el imbatible. Me
sentía muy seguro. Todo
eso corría por dentro de
mi.
- ¿Qué cosas emocionan y
qué cosas enojan al Fillol
hombre?
- Me emociona, por
ejemplo, que después de
tanto tiempo de haber
dejado el fútbol uno se da
cuenta que tiene un
reconocimiento por lo que
hizo con tanta dedicación
y con tanto amor.
Y me molesta mucho, me
duele, me lastima, la
mentira.
- ¿Quiénes son los amores
de su vida?
- El papá, la mamá, la
familia, los hijos, la
esposa, los seres queridos
más cercanos. Esos son los
símbolos del amor. Es un
círculo muy pequeño pero
es un amor eterno.
- ¿Hay algún arquero
actual que tenga su
estilo?
- Sí, hay, pero no voy a
dar nombres, porque ya lo
hice una vez y me pasaron
factura. Yo digo que la
función primaria del
arquero está por encima
del estilo, porque la
función primaria es que
evite el gol. Acá se ha
confundido mucho a la
gente del fútbol con el
tema de los estilos. La
eficiencia siempre supera
al estilo.
- ¿Por qué hace tiempo
que la selección argentina
no termina de
enamorar a los hinchas?
¿Faltan líderes, por dónde
pasa el tema?
- Linda pregunta, me gusta
responderla. Yo he vivido
la diferencia. Creo que a
Mario Kempes, para dar un
ejemplo, no se lo reconoce
futbolísticamente como
debiera por todo lo que le
dio al fútbol nacional.
¿Por qué? Porque él no
vivía acá cuando fue
campeón en el ’78 y se fue
a España a los dos días.
El resto estábamos acá
todos los domingos,
jugando en nuestro país,
nos disfrutaba la gente.
El hecho de que ahora no
baje desde la tribuna el
romance de antes, es
también que la selección
está formada con jugadores
que están en Europa. No
existe el romance por una
cuestión natural. Nosotros
jugábamos acá,
practicábamos acá,
vivíamos acá con la
problemática de nuestro
país.
-¿Con qué personaje de la
historia le hubiese
gustado tomar un café?
- Con la Madre Teresa de
Calcuta. Por todo lo que
leí, por todo lo que
escuché, por todo lo que
dio, por todo lo que se la
respeta, por todo lo que
se la admira. Me hubiese
gustado sentarme con ella
a tomar un café y charlar
profundamente de por qué
era así ella y aprender un
montón de cosas que ella
le dio al mundo.
Ubaldo Matildo Fillol, el
que cuando atajaba parecía
que tenía detrás un arco
más chico que el de los
demás.
Marcelo Mármol De Moura
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HOY JUAN RAMON
VERON.
ENTREVISTA A JUAN RAMON VERON
CRACK Y PADRE DE CRACK
Hablamos con la verdadera “Bruja”
Verón, de sus recuerdos, de sus
emociones y por supuesto, de su
hijo.
Juan Ramón
Verón es mucho más que el padre de
Juan Sebastián. Tuvo y tiene luz
propia en la historia del fútbol
argentino.
Idolo de
Estudiantes, era el único al que
Osvaldo Zubeldía no le daba
indicaciones tácticas. A su
talento, la hinchada Pincha le
debe buena parte de sus hazañas
sesentosas.
- Mucho se
ha escrito y hablado sobre su gol
al Palmeiras en aquella
Libertadores. Algunos lo
consideran entre los dos o tres
mejores de la historia del fútbol
argentino. ¿Nos podría contar cómo
fue?
- Yo creo que
más que la importancia de la
jugada fue el contexto del
partido. Perdíamos 1-0, estaba la
cancha completa, y faltaban 7
minutos. Yo rebibí una pelota por
la derecha a la altura del
mediocampo, y encaré al área
tratando de llegar para buscar
algún tiro libre o penal, sin
pensar que podría llegar a
concretar yo. Me saqué de encima a
uno o dos de entrada y después
casi llegando al área salieron dos
más y cuando achicó el arquero
definí con la pierna menos hábil,
que era la derecha.
- ¿Cuánto
había de trabajo y cuánto de
talento en ese equipo?
- Lo
importante de todo esto fue que el
técnico que llegó a Estudiantes en
ese momento, Osvaldo Zubeldía,
vino con ideas nuevas, renovadoras
para el fútbol de esa época: mucho
trabajo táctico, mucha estrategia,
doble turno, concentraciones,
pretemporada. Y después, la
libertad que él me daba a mí
dentro del campo para que hiciera
lo que traía del portrero.
- ¿Cómo
tomó el grupo las críticas
despiadadas e injustas para mi
gusto que recibió el equipo de
Zubeldía?
- Eso vino
después, porque al principio todo
era muy lindo, muy simpático,
hasta que vieron que no nos
caíamos y que seguíamos
manteniendo el nivel. Y no era lo
mismo que un equipo chico
estuviese arriba tanto tiempo. Eso
resultó menos simpático.
La crítica
fue muy dura. Esos periodistas o
técnicos que criticaban fueron los
mismos que halagaron después lo
que hacían en otros lados: el
trabajo táctico, la jugada
preparada, que era lo mismo que
hacíamos nosotros.
- Estuve
repasando que hubo muchos casos de
padres e hijos futbolistas. Lo que
no hubo tantos es que el padre
haya sido un crack y el hijo
también. Y la pregunta me lleva a
lo siguiente: ¿qué esperaba usted
de su hijo?
- Es difícil
lograr lo que logró Sebastián en
fútbol. Hubo muchos casos de hijos
que fueron famosos, pero lo que
hizo él es muy importante. Tuvo
una carrera impresionante que aún
sigue y creo que está en uno de
sus mejores momentos.
- ¿Pero
usted lo soñó futbolista a Juan
Sebastián?
- El nos dio
a nosotros a entender que quería
ser futbolista. Desde muy chico
iba con la pelota a todos lados.
Yo decía que iba a ser futbolista
o barra brava.
Estaba todo
el tiempo con la pelota. La pelota
y el colegio eran su vida. El
colegio a la fuerza y la pelota
porque le gustaba.
- Usted
hizo alguna vez una consideración
sobre que los chicos que estudian
y desarrollan la inteligencia
tienen mejores chances para
desempeñarse en un campo de juego.
¿Puede profundizar sobre esa
idea?.
- Sí, un
chico que estudia, que lee, que
tiene la cabeza abierta, que se
preocupa, seguramente está mejor
preparado que otro que no hace
nada, porque hoy en día el fútbol
es cada vez más complejo. Y el
chico tiene que estar preparado,
seguramente se va a sentir mejor
si está preparado que si no lo
está.
- ¿Cuál fue
el gol que más gritó en su vida?
- El de
Manchester fue uno de ellos,
porque nos daba la posibilidad de
ser campeones intercontinentales
después de haber trabajado cuatro
años.
- ¿Gritó el
gol que Juan Sebastián le hizo a
Estudiantes cuando jugaba para
Boca?
- No, no lo
grité. Yo sobre todas las cosas
soy de Estudiantes. Y Sebastián
estaba ahí por razones de trabajo
y nada más.
-¿En serio
no gritó el gol de su hijo a su
club?
- No. No lo
hice.
Juan Ramón
Verón, la Bruja, el crack que tuvo
un hijo crack.
Marcelo
Mármol De Moura
ENTREVISTA A CARLOS BILARDO
Un
mano a mano especial con uno de
los personajes más pintorescos
del fútbol.
Hablar con Carlos Bilardo es
toda una experiencia. Uno sabe
por donde va a empezar, pero
nunca por donde va a terminar la
charla.
Dialogamos con el técnico
campeón en México ‘86 para
conocer sus sentimientos más
allá del fútbol, si es que eso
se puede lograr alguna vez con
Bilardo.
- ¿Cómo era el niño Carlos
Bilardo? ¿Qué recuerda de su
infancia?
- Recuerdo los primeros días que
fui a la escuela primaria, tenía
6 años. Yo iba a una escuela que
estaba frente a la cancha de
Argentinos Juniors. A esa edad
comencé a ir a la cancha, me
cruzaba de la escuela e iba. Mi
madre me llevaba a San Lorenzo
de Almagro dos veces por semana,
allí hacíamos física, jugábamos
un poco a la pelota.
Siempre en el mismo barrio, Juan
B. Justo y Boyacá, siempre
parando en ese café, aunque al
principio sin poder entrar.
Cuando tenía 17 años entré al
café por primera vez, llegó la
policía y me llevó. Entre el
juez y mi padre me mataron, me
pegaron con un fierro. En ese
café, que tenía mala fama, había
parado mi abuelo y después mi
padre. Siempre había algún
problema ahí.
- ¿Cuál fue el gol que más gritó
en su vida?
- Uno que le hice a Platense,
uno que hice de zurda, el
primero y creo que el único.
Perdíamos 3-1 y en la cancha de
Boca con un jugador menos
ganamos 4-3. Luego le ganamos a
Racing y ese Estudiantes de
Zubeldía salió campeón por
primera vez.
- ¿Cuántos videos de fútbol
tiene y cuál sería el último del
que se desprendería?
- Y más o menos debe haber
6.100, por ahí. Lo estamos
pasando a CD.
Hay muchos lindos. Tener a
Simeone y a Ruggeri con 15 años,
a Russo, a Ruggeri, a Brown, a
Patricio Hernández. Esos videos
son valiosos. Hay videos en que
están jugando y también en los
aeropuertos. Yo siempre andaba
con la cámara filmando, primero
con una Súper 8 y después lo
pasé todo a video.
- ¿Fue positiva su incursión en
la política queriendo ser
presidente?
- Para mí sí, para mi familia
no. Yo quise y me metí, me metí
como loco. Estuve un año y
medio. Fue el primer partido
político del siglo, eh. Lo
presentamos a la 1 de la mañana
del primer día del 2000, en una
confitería que está en Suipacha
y Corrientes.
Estábamos bien, estábamos muy
bien. Pero tuve que gastar
muchísima plata, porque todo el
que se te acerca te dice ‘yo te
apoyo, sí ...’ y yo no quería
condicionamientos.
- ¿Por qué se automarginó?
- Porque se acabó el dinero.
Para ser presidente hay que
haber tenido otro cargo antes,
tener dinero para poder
trabajar, sino no se mueve
nadie.
- ¿Con qué personaje de la
historia le hubiese gustado
tomar un café?
- De los que me quedan, Mandela.
- ¿Y con quién pudo?
- Pude hablar con muchos
presidentes, con Khadafi. Me
hubiese gustado hablar con
Mandela porque quería saber por
qué Mandela y Khadafi dicen
‘Africa para los africanos’. Por
el lado de Khadafi lo sé, por el
lado de Mandela no.
Conocí a la Madre Teresa en
Calcuta, estuvimos hablando casi
una hora. Y mucha gente a la que
uno se fue arrimando. Para mí
uno de los grandes personajes de
Argentina fue el profesor
Bernardo Houssay, Leloir, con
toda esa gente fuera de serie
pude hablar.
- ¿Cuál fue el motivo de su
última lágrima?
- Cuando llegué a Sevilla la
segunda vez. Me llamaron luego
de la primera vez que había
estado con Maradona y Simeone, y
yo le decía que no. No podía
porque el club estaba mal. Y esa
noche lloré, delante de todos
los jugadores entre los que
estaba Matías Almeyda. Lloré
porque a mí me habían ayudado
mucho los jugadores del Sevilla
y los periodistas en mi primera
etapa. Eso me dolió muchísimo.
- ¿Qué es el amor en su vida?
- El amor es la gente que uno
tiene y quiere. El amor que
tengo por mi esposa, por mi
hija, por mi nieto que tiene 5
años. Ahora cuando me voy afuera
extraño, antes no, pero ahora
quiero estar con ellos. En
momentos difíciles - difíciles
están ellos.
Hay grandes personajes que
tienen detrás de ellos a mil o
dos mil personas por día, y
después queda sólo la familia.
- ¿Qué cosas extrafutbolísticas
lo atraen?
- A mí me atrae ver fútbol. Y me
atrae estar en el hospital. Voy
mucho al Otamendi, al
Diagnóstico. Me encanta la vida
del hospital, me enloquece.
- ¿Y qué hace en los hospitales?
- Y hablo con los muchachos,
quiero decir con los médicos,
ellos me dicen que vaya a ver
algunos casos lindos para
analizar. Bueno, lindos para
analizar es una forma de decir.
Vieron cuando un médico dice
‘fue una operación bárbara’ ...
bárbara para vos que la hacés,
para el enferno no es bárbara.
Hablo con ellos, me quedo en la
guardia.
- En la guardia le deben
preguntar más de fútbol que de
apéndices ...
- Sí, generalmente enseguida me
conocen y nos ponemos a hablar
de fútbol.
- ¿Cuál es su lugar en el mundo?
- Mi casa, yo en casa estoy
bien.
- Y, tiene 6.000 videos para ver
...
- Sí (risas) ... Ahora los tengo
desparramados, porque lo estamos
pasando a CD.
- Cuando viaja y tiene que
llenar un formulario, ¿qué pone?
¿futbolista, técnico, médico,
periodista?
- Esta bien esa pregunta. Es
según a donde voy. Si voy a
Italia, me conviene poner
director técnico de fútbol,
porque ellos ven y ¡mamita!.
Usted pisa Italia, pisa España o
Alemania o Francia, y enseguida
fútbol.
Cuando voy a Estados Unidos,
pongo doctor.
Y según al país que vaya, pongo
doctor, técnico o a veces
empresario.
- ¿Quién es Carlos Bilardo?
Imaginemos un diccionario.
Carlos Bilardo, dos puntos.
¿Usted qué pone?
- Un hombre que nació en un
barrio, le fue muy bien en el
estudio, se recibió de médico,
jugó al fútbol, llegó en un club
como Estudiantes de La Plata a
ser campeón, luego le tocó
dirigir a la selección Nacional,
salió campeón, salió
subcampeón... y que hizo y dijo
lo que quiso. No le debo nada a
nadie, no le debo ningún favor a
nadie.
Carlos Salvador Bilardo, un
personaje que hizo y dijo lo que
quiso. Siempre.
Marcelo
Mármol De Moura.
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ENTREVISTA A DANIEL
BERTONI
Hablamos con uno de
los campeones mundiales del fútbol argentino,
protagonista de varias hazañas en los campos de
juego.
Ricardo
Daniel Bertoni fue uno de los grandes delanteros
de nuestro fútbol y tuvo un halago que pocos
pueden disfrutar: marcó un gol en la final de un
Mundial.
Con él
hablamos de su vida, del fútbol y de otras
yerbas.
¿Cómo fue
esa hazaña del 25 de enero de 1978, cuando
Independiente se consagró campeón en Córdoba con
tres jugadores menos?
Yo venía de
una lesión y retorné justo para esa final, donde
tuve la suerte de hacer una pared con Bochini y
Biondi que terminó en gol y pudimos ser campeones
jugando con tres jugadores menos. Fue una hazaña
verdaderamente.
¿Cómo
fue tu experiencia europea?
Para mi fue
muy lindo. Primero estuve en España dos años y
después siete años en Italia. Creo que dejé un
buen recuerdo como persona y como jugador de
fútbol, eso es lo más importante, ser ídolo
adentro y afuera de la cancha.
Pude allí
vivir una vida de primer mundo. Los que hemos
viajado sabemos lo que es vivir en el primer
mundo. A veces dicen que acá vivimos en el primer
mundo, pero lamentablemente tengo que decir que
estamos a muchos años luz de los países europeos.
Aprendí muchas cosas de la vida y culturalmente
también crecí.
Vos
estuviste en Nápoli con Diego. ¿Cómo fue toda esa
historia que terminó en leyenda?
Nápoles es
una ciudad que tiene un modo de vivir muy parecido
al de los argentinos. Allá viven el fútbol toda la
semana. Muchos no tienen para vivir o para comer,
pero van a la cancha igual.
El primer
campeonato que estuvimos llegamos octavos, llegó
Bagni, llegó Diego, llegué yo. El equipo estaba
empezando un proceso futbolístico que lo llevaría
a campeonar.
El segundo
campeonato salimos terceros, peleando el título
con la Juventus y el Milan.
Si nuestro
técnico hubiese arriesgado un poquito más, yo creo
que hubiesemos ganado ese campeonato.
Al año
siguiente yo me fui a Udinese, quedó Maradona,
hicieron un par de compras y salieron campeones.
¿Cómo
te llevaste con las tentaciones de la fama?
La cuestión
es no contaminarse tanto, porque a quién no le
gusta salir, tener fama, tener su coche, que la
gente lo reconozca, que le pidan un autógrafo,
tener con las mujeres mayor posibilidad de éxito
...aunque también podés tener tus reveses, porque
no necesariamente tenés que gustar. Podés ser muy
famoso y muy feo.
Pero el
fútbol te da muchas cosas, posibilidad de conocer
gente importante. Después vos sos el que tenés que
elegir, el que tenés que saber hasta donde llegar.
Se hace
difícil poder manejarlo y sobre todo cuando sos
chico.
Repasando
tu carrera, observé que jugaste con
extraordinarios números 10. ¿Podés dejar algún
párrafo de alguno de ellos?
Bochini fue
con el que mejor me entendí. Tuve una gran
amistad, vivió en mi casa, es un hermano más para
mi. El Bocha llegó donde llegó por sus dotes
futbolísticas.
Después
jugué con Maradona, un gran campeón, uno de los
mejores jugadores que existió con Pelé y Cruyff.
Jugué en
contra de Platini, jugué con Giancarlo Antognoni,
con Kempes, con el Beto Alonso, con Villa, con
Valencia.
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