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DolarHoy.com

 
                             NOTA ......
Acumulación, inclusión... y valijas
27/12/07

Por Oscar Taffetani

(APe).- “Uno de los capítulos fundamentales de este proceso tiene un modelo económico de acumulación con matriz diversificada e inclusión social”, dijo la presidenta Cristina Fernández de Kirchner en su discurso de asunción, el pasado 10 de diciembre.

Pocas horas después del mensaje, cuando los medios argentinos comenzaban a hacer una segunda digestión de las imágenes, chismes y discursos vertidos el fin de semana, la noticia de la intercepción de una valija con 800 mil dólares sin declarar, que viajaba en manos de un enigmático empresario venezolano, ganó la tapa de los diarios y se convirtió en el tema líder.

Nadie habla ya, en estas primeras semanas del gobierno de Cristina, de la “acumulación con inclusión”, de las cuestiones “de género”, del “relato que nos merecemos” y otras vaguedades. Y sí ha vuelto a aparecer, con matriz diversificada (perdón por la ironía) el viejo relato de la corrupción, el viejo relato de los negociados, el de la entrega del patrimonio público. Ese odioso relato del fraude político. Ese maldito relato argentino de la traición y la frustración de la fe popular.
 

Capitalismo en serio

El narcotráfico es un negocio absolutamente capitalista. Hay allí campesinos explotados, obreros explotados, burócratas y gerentes, propietarios e inversores, bancos y compañías de seguros, ejércitos privados y también funcionarios del Estado, de mayor o menor categoría, que brindan la protección necesaria al inversor (es decir, al dueño del capital).

Para esa mercancía llamada droga, existe un mercado. O sea: existen consumidores de narcóticos y drogas prohibidas, capaces de gastar fortunas obedeciendo a su adicción.

En los tiempos del “uno a uno” menemista, la cocaína estaba barata en Buenos Aires y en la costa bonaerense. Así, fue creándose un mercado interno, con jóvenes de clase media baja y de estratos más pobres que entraban en el círculo de la adicción o participaban en la distribución.

Al terminar la convertibilidad, la cocaína volvió a estar inaccesible para los pobres, y entonces ese flamante mercado interno creado en la Argentina corría el riesgo de desaparecer.

Entonces, los empresarios de la cocaína introdujeron el “paco”, un residuo venenoso y mortal, entre los jóvenes de los cordones más pobres del conurbano bonaerense y de otras ciudades del país.

El aparato puesto al servicio de los empresarios del “paco” (que son, lógicamente, los mismos empresarios de la cocaína), se adaptó perfectamente. 

Y los chicos consumidores de ese veneno comenzaron a caer por docenas, en las villas y los barrios pobres, en las cuevas y rendijas urbanas, en esos pequeños lugares en donde ellos desafían con una única carta, marcada y sin valor, a la muerte.

Entonces, primero en voz baja y luego a viva voz, los accionistas e inversores del “paco” comenzaron a decir que esa droga cumple una función de regulación demográfica, ya que esos pibes “incorregibles” (el adjetivo ya lo está usando el ministro Stornelli) no pueden incluirse, no tienen lugar en la sociedad.

Para esos chicos “que sobran” (así lo hubiera expresado Malthus); para esos pibes que no tienen lugar y que no se quieren ir de buenas maneras (ya que se salvaron de la desnutrición, por ejemplo, o de la tuberculosis, el dengue o el chagas); para esos chicos que se rebelan, violentos, contra el destino que el capitalismo en serio les ha fijado, el sistema inventó el “paco”.

Y fue para esos mismos chicos -pensamos- que el sistema inventó los asesinatos tolerados, los escuadrones, el gatillo fácil, la muerte administrada como una rutina por las fuerzas del orden, de este orden injusto que ha hecho de la excepción la regla.

Hemos descripto aquí, con pocas palabras, el negocio de la droga y su articulación con un plan de exterminio. Podríamos haber hablado del juego y de la prostitución legales, también. O del juego y la prostitución ilegales. La diferencia es muy sutil.

O podríamos haber hablado de esos abultados cheques que se depositan en bancos, para pagar algún servicio o financiar alguna campaña. O de valijas llenas de dólares utilizados para pagar esos mismos servicios, sólo que al contado. La diferencia es muy sutil.

Tal vez podríamos haber hablado de la siembra directa de soja, previa eliminación del bosque nativo, previa expulsión de los pobladores originarios.

O de las pasteras, por qué no, esas pasteras indispensables para un mundo de cartón y apariencias; indispensables para la libertad de prensa y para el futuro de Occidente.

La acumulación (palabra marxista que súbitamente hemos hallado en boca de los gobernantes) es implacable. La acumulación no conoce término medio. O se acumula o no se acumula. Porque la lógica del capital es acrecentarse a sí mismo. Pedir entonces “acumulación con inclusión” es, cuanto menos, ingenuo.

Aquí estarás más cómodo / de lo que estabas en el mundo, cantaba Chico Buarque en su canción “Funeral de un labrador”. Es la parte que te toca / de este latifundio..., agregaba.

No hay elementos nuevos (¡y que lo digan los Sin Tierra!) para pensar que esa cruda realidad del capitalismo ha cambiado.

Otra vez en la vía de la traición
26/12/07

Por Carlos del Frade

(APe).- No hay vida cotidiana sin transporte. Quien maneje el transporte manejará un formidable negocio derivado de las urgencias básicas de la vida cotidiana de las mayorías.
Es una regla básica del capitalismo.
Por eso, a fines de los años cincuenta y principios de los sesenta, un emisario del ejército norteamericano, Larkin, impuso el proyecto de las grandes compañías automotrices del mundo.
Había que desplazar a los trenes, construir carreteras y levantar altares a los grandes camiones

 

MANO A MANO CON ROBERTO PERFUMO

 

Una nota diferente con el Mariscal. Su infancia, la fama, el tango, el fútbol.

 

Roberto Perfumo es todo un personaje de la historia del fútbol argentino. Con él mantuvimos un mano a mano para hablar de la vida, no solo del fútbol.

 

- ¿Cómo fue tu niñez?

-  Yo nací en Sarandí, en la provincia de Buenos Aires, me he criado en un barrio absolutamente de trabajadores, de calles de tierra.

Mis primeros recuerdos empiezan en el terraplén de la vía, por atrás del barrio pasaba un tren que iba a La Plata, creo que a Olavarría también, que ahora está fuera de servicio. Los primeros recuerdos están relacionados con la pelota, con los chicos amigos. Después empieza la primaria, la escarcha a la mañana, viste que ibas fumando con el aliento que echaba humo...

 

- Eso ya no pasa más ...

- Ya no pasa más, ya no hay escarchas, no hay heladas.

 

- Y además, no vas más a la escuela ...

- Claro (risas).

Pero tengo un recuerdo muy lindo de ir pisando la escarcha, porque arrancábamos temprano para la escuela y allí estábamos hasta las doce. Después recuerdo a la vieja haciendo la comida en casa. Eramos cuatro hermanos, mi viejo era albañil, mi mamá como correspondía en esa época era ama de casa. Fue una niñez feliz.

Después a los 13 años viene la experiencia del Oratorio Don Bosco, yo tuve una crianza saleciana, hasta fui monaguillo en una época

 

- Y a algunos delanteros a los que no tratabas demasiado bien, ¿les mostrabas la foto de monaguillo?

- (Risas) No, les mostraba la cara.

Pero fijáte que mi primer técnico de fútbol fue un cura, que se llamaba Faustino Prieto.

 

- ¿Qué hiciste con el primer dinero importante del fútbol?

- El primer dinero que gané lo dejé en casa. Nosotros siempre le dábamos el sobre a la vieja, cuando trabajaba de aprendiz de tornero a los 13 años.

Y la primera plata en el fútbol también la dejaba en casa, para refaccionarla, para agrandarla. No tuvo un destino cierto, no me compré un auto de 120.000 dólares.

 

- Una vez me dijiste que sabías tanto de fútbol como de tango, ¿qué es el tango para Roberto Perfumo?

- El tango es lo que nos acompañaba junto con el fútbol. Las primeras lecturas fueron con “El alma que canta”, una revista que editaba todas las letras, y me acuerdo como de 250 letras. Y de ahí mi afición, y realmente sigue siendo para mi una expresión poética fantástica. Yo después viví la transición hacia la música del Club del Clán, la nueva ola que se llamaba, y después llegó el rock y arrasó con todo.

 

- Vos jugaste 4 años en Brasil. Según tu experiencia, ¿pensás que hay diferencias entre los dos pueblos, entre el argentino y el brasileño?. ¿Ellos son tan alegres y nosotros tan melancólicos?

- Sí, ellos tienen un sentido de la vida diferente: siempre ven la parte buena. Ellos siempre ven todo con optimismo: mañana va a ser mejor. El argentino piensa que mañana va a ser peor. Fueron colonizados por otra gente. Nosotros somos muy de nostalgia, de envidia, de prejuicios, somos casi todos hijos de españoles e italianos.

 

- Por eso no escribieron tangos allá ...

- Exactamente, la música marca muchas cosas.

Pero yo no vi complicarse la vida a ningún jugador después de una derrota. Yo me quedaba enojado y ellos me tranquilizaban.

A veces molesta un poco esa cierta irresponsabilidad, pero ellos disfrutan más de la vida, viven mucho más liviano y tienen razón.

 

- ¿Que te dejó la profesión de técnico?

- En principio pensé que era más fácil, porque yo estaba bastante cerca del entrenador mientras jugaba. Pero cuando me tocó dirigir a mí, me di cuenta de que me temblaban las piernas.

El técnico es un líder conductor de grupos, es una persona que tiene que tener responsabilidad, que tiene que absorber, dar contención y poner límites. Hoy en día está bastardeada porque la plata empezó a ensuciar todo, pero yo creo que es una profesión fantástica, si uno tiene el coraje.

 

- ¿Qué relación tuviste con el público?

- Maravillosa. La relación con el público tiene una clave para el futbolista. Creo que desde que empecé a jugar y hasta que terminé, con cualquier camiseta y ganando o perdiendo, nunca le hice un solo gesto a la gente. Sólo un saludito si te aplaude mucho y nada más. Por eso yo hoy entro a la cancha de Independiente y no me insultan. Creo que hay una memoria en el hincha de la conducta que tiene el jugador dentro de la cancha. Hoy también eso cambió.

 

- Y la última. Me vas a perdonar la infidencia, pero si podés contame que hacías con las cartas que te mandaban las admiradoras.

- (Risas) Cuando empezó la gran fama yo estaba recién casado, y había chicas que daban vueltas, y éramos muy jóvenes, entonces yo a Mabel para curarla un poco, porque sabía que estaba celosa como debe ser, le daba las cartas de las chicas para que las contestara ella. Y le aparecían cada cosa y cada dibujo. Y se curó bastante. (risas).

 

 

Si alguna vez usted tiene la chance de poder hablar un rato con Roberto Perfumo, no la desperdicie: es un momento enriquecedor. Saldrá con el espíritu mejorado.

 

 

Marcelo Mármol De Moura

 

 

 

ENTREVISTA A UBALDO MATILDO FILLOL

 

“La cima máxima fue el Mundial ’78”

 

Hablamos mano a mano con uno de los dos o tres mejores arqueros de la historia del fútbol argentino, sino el mejor.

 

Ubaldo Matildo Fillol, alias “el Pato”, un grande de todas las épocas.

Alguna vez pensé que si un poste se instalara en La Quiaca, otro poste en Ushuaia y un largo travesaño recorriera hipoteticamente el país, el único arquero que podría volar de palo a palo sería Fillol.

En esta charla mostramos al Fillol deportista, pero también al Fillol hombre.

 

 

-  ¿Cómo fue su infancia en San Miguel del Monte, el pago chico?

-  Yo viví mi infancia allí, pero aún hoy lo hago. Yo estoy más tiempo en San Miguel del Monte que en la Capital Federal. Me veo con mis amigos de la infancia, recorro las calles de mi infancia. Muchos me preguntan si estoy de vacaciones y yo les digo que no, que yo nunca me fui de acá.

 

- ¿Cómo era el Fillol niño?

- Normal, un niño normal. La escuela, el potrero. A partir de los 10 años empecé a trabajar para ayudar en mi casa. Yo soy el más pequeño de cuatro hermanos, y como no sobraban recursos económicos , aunque nunca nos faltó nada, lo tuve que hacer. Una infancia linda, porque a través de los años me di cuenta que todo eso me hizo valorar más las cosas que con el tiempo fui logrando con el fútbol.

 

- ¿Cuándo se dio cuenta de que iba a ser arquero?

- A los 14 años. Yo jugaba en el club San Miguel, de Monte, y lo hacía de volante central o de arquero. En la cuarta de arquero y en la tercera de número 5.

Cuando viajé a Quilmes a probarme en el año ’64, llegó la hora de definirme. Me preguntaron el puesto, dije de arquero o de número 5. Y me dijerom que tenía que elegir uno, y elegí el de arquero. A partir de allí, hice la prueba como arquero y nunca más me moví de allí.

 

- ¿Cuál fue el momento cumbre de su carrera?

- Hay un momento que es por lejos el mejor. La cima máxima fue cuando fuimos campeones del mundo en el ’78, era la primera selección en la historia que conseguía un título a nivel mundial. Es historia pura y estoy dentro de esos héroes que lo lograron.

 

- Muchos opinan que usted ha sido el mejor arquero argentino de la historia. ¿Cómo era en el arco, cuáles eran sus puntos fuertes?

- Eso corre por cuenta de quien lo dice. De todas maneras, hace 17 años que dejé de jugar y mucha gente me lo dice en la calle.

Yo era un arquero que tenía unas piernas maravillosas, era muy ágil, tenía buenos reflejos y yo digo que era un mono, porque un día me di cuenta de que tengo los brazos más largos que lo normal.

Y aparte, el carácter. No lo decía, pero me creía el mejor, el imbatible. Me sentía muy seguro. Todo eso corría por dentro de mi.

 

- ¿Qué cosas emocionan y qué cosas enojan al Fillol hombre?

- Me emociona, por ejemplo, que después de tanto tiempo de haber dejado el fútbol uno se da cuenta que tiene un reconocimiento por lo que hizo con tanta dedicación y con tanto amor.

Y me molesta mucho, me duele, me lastima, la mentira.

 

- ¿Quiénes son los amores de su vida?

- El papá, la mamá, la familia, los hijos, la esposa, los seres queridos más cercanos. Esos son los símbolos del amor. Es un círculo muy pequeño pero es un amor eterno.

 

- ¿Hay algún arquero actual que tenga su estilo?

- Sí, hay, pero no voy a dar nombres, porque ya lo hice una vez y me pasaron factura. Yo digo que la función primaria del arquero está por encima del estilo, porque la función primaria es que evite el gol. Acá se ha confundido mucho a la gente del fútbol con el tema de los estilos. La eficiencia siempre supera al estilo.

 

- ¿Por qué hace tiempo que la selección argentina no termina de enamorar a los hinchas? ¿Faltan líderes, por dónde pasa el tema?

- Linda pregunta, me gusta responderla. Yo he vivido la diferencia. Creo que a Mario Kempes, para dar un ejemplo, no se lo reconoce futbolísticamente como debiera por todo lo que le dio al fútbol nacional. ¿Por qué? Porque él no vivía acá cuando fue campeón en el ’78 y se fue a España a los dos días. El resto estábamos acá todos los domingos, jugando en nuestro país, nos disfrutaba la gente.

El hecho de que ahora no baje desde la tribuna el romance de antes, es también que la selección está formada con jugadores que están en Europa. No existe el romance por una cuestión natural. Nosotros jugábamos acá, practicábamos acá, vivíamos acá con la problemática de nuestro país.

 

-¿Con qué personaje de la historia le hubiese gustado tomar un café?

- Con la Madre Teresa de Calcuta. Por todo lo que leí, por todo lo que escuché, por todo lo que dio, por todo lo que se la respeta, por todo lo que se la admira. Me hubiese gustado sentarme con ella a tomar un café y charlar profundamente de por qué era así ella y aprender un montón de cosas que ella le dio al mundo.

 

 

Ubaldo Matildo Fillol, el que cuando atajaba parecía que tenía detrás un arco más chico que el de los demás.

 

 

Marcelo Mármol De Moura

 
 
 

HOY JUAN RAMON VERON.

ENTREVISTA A JUAN RAMON VERON

 

CRACK Y PADRE DE CRACK

 

Hablamos con la verdadera “Bruja” Verón, de sus recuerdos, de sus emociones y por supuesto, de su hijo.

 

Juan Ramón Verón es mucho más que el padre de Juan Sebastián. Tuvo y tiene luz propia en la historia del fútbol argentino.

Idolo de Estudiantes, era el único al que Osvaldo Zubeldía no le daba indicaciones tácticas. A su talento, la hinchada Pincha le debe buena parte de sus hazañas sesentosas.

 

 

- Mucho se ha escrito y hablado sobre su gol al Palmeiras en aquella Libertadores. Algunos lo consideran entre los dos o tres mejores de la historia del fútbol argentino. ¿Nos podría contar cómo fue?

- Yo creo que más que la importancia de la jugada fue el contexto del partido. Perdíamos 1-0, estaba la cancha completa, y faltaban 7 minutos. Yo rebibí una pelota por la derecha a la altura del mediocampo, y encaré al área tratando de llegar para buscar algún tiro libre o penal, sin pensar que podría llegar a concretar yo. Me saqué de encima a uno o dos de entrada y después casi llegando al área salieron dos más y cuando achicó el arquero definí con la pierna menos hábil, que era la derecha.

 

- ¿Cuánto había de trabajo y cuánto de talento en ese equipo?

- Lo importante de todo esto fue que el técnico que llegó a Estudiantes en ese momento, Osvaldo Zubeldía, vino con ideas nuevas, renovadoras para el fútbol de esa época: mucho trabajo táctico, mucha estrategia, doble turno, concentraciones, pretemporada. Y después, la libertad que él me daba a mí dentro del campo para que hiciera lo que traía del portrero.

 

- ¿Cómo tomó el grupo las críticas despiadadas e injustas para mi gusto que recibió el equipo de Zubeldía?

- Eso vino después, porque al principio todo era muy lindo, muy simpático, hasta que vieron que no nos caíamos y que seguíamos manteniendo el nivel. Y no era lo mismo que un equipo chico estuviese arriba tanto tiempo. Eso resultó menos simpático.

La crítica fue muy dura. Esos periodistas o técnicos que criticaban fueron los mismos que halagaron después lo que hacían en otros lados: el trabajo táctico, la jugada preparada, que era lo mismo que hacíamos nosotros.

 

- Estuve repasando que hubo muchos casos de padres e hijos futbolistas. Lo que no hubo tantos es que el padre haya sido un crack y el hijo también. Y la pregunta me lleva a lo siguiente: ¿qué esperaba usted de su hijo?

-  Es difícil lograr lo que logró Sebastián en fútbol. Hubo muchos casos de hijos que fueron famosos, pero lo que hizo él es muy importante. Tuvo una carrera impresionante que aún sigue y creo que está en uno de sus mejores momentos.

 

- ¿Pero usted lo soñó futbolista a Juan Sebastián?

- El nos dio a nosotros a entender que quería ser futbolista. Desde muy chico iba con la pelota a todos lados. Yo decía que iba a ser futbolista o barra brava.

Estaba todo el tiempo con la pelota. La pelota y el colegio eran su vida. El colegio a la fuerza y la pelota porque le gustaba.

 

- Usted hizo alguna vez una consideración sobre que los chicos que estudian y desarrollan la inteligencia tienen mejores chances para desempeñarse en un campo de juego. ¿Puede profundizar sobre esa idea?.

- Sí, un chico que estudia, que lee, que tiene la cabeza abierta, que se preocupa, seguramente está mejor preparado que otro que no hace nada, porque hoy en día el fútbol es cada vez más complejo. Y el chico tiene que estar preparado, seguramente se va a sentir mejor si está preparado que si no lo está.

 

- ¿Cuál fue el gol que más gritó en su vida?

- El de Manchester fue uno de ellos, porque nos daba la posibilidad de ser campeones intercontinentales después de haber trabajado cuatro años.

 

- ¿Gritó el gol que Juan Sebastián le hizo a Estudiantes cuando jugaba para Boca?

- No, no lo grité. Yo sobre todas las cosas soy de Estudiantes. Y Sebastián estaba ahí por razones de trabajo y nada más.

 

-¿En serio no gritó el gol de su hijo a su club?

- No. No lo hice.

 

 

Juan Ramón Verón, la Bruja, el crack que tuvo un hijo crack.

 

 

Marcelo Mármol De Moura

 

 

 

ENTREVISTA A CARLOS BILARDO 

Un mano a mano especial con uno de los personajes más pintorescos del fútbol.

 

Hablar con Carlos Bilardo es toda una experiencia. Uno sabe por donde va a empezar, pero nunca por donde va a terminar la charla.

Dialogamos con el técnico campeón en México ‘86 para conocer sus sentimientos más allá del fútbol, si es que eso se puede lograr alguna vez con Bilardo.

 

- ¿Cómo era el niño Carlos Bilardo? ¿Qué recuerda de su infancia?

- Recuerdo los primeros días que fui a la escuela primaria, tenía 6 años. Yo iba a una escuela que estaba frente a la cancha de Argentinos Juniors. A esa edad comencé a ir a la cancha, me cruzaba de la escuela e iba. Mi madre me llevaba a San Lorenzo de Almagro dos veces por semana, allí hacíamos física, jugábamos un poco a la pelota.

Siempre en el mismo barrio, Juan B. Justo y Boyacá, siempre parando en ese café, aunque al principio sin poder entrar.

Cuando tenía 17 años entré al café por primera vez, llegó la policía y me llevó. Entre el juez y mi padre me mataron, me pegaron con un fierro. En ese café, que tenía mala fama, había parado mi abuelo y después mi padre. Siempre había algún problema ahí.

 

- ¿Cuál fue el gol que más gritó en su vida?

- Uno que le hice a Platense, uno que hice de zurda, el primero y creo que el único. Perdíamos 3-1 y en la cancha de Boca con un jugador menos ganamos 4-3. Luego le ganamos a Racing y ese Estudiantes de Zubeldía salió campeón por primera vez.

 

- ¿Cuántos videos de fútbol tiene y cuál sería el último del que se desprendería?

- Y más o menos debe haber 6.100, por ahí. Lo estamos pasando a CD.

Hay muchos lindos. Tener a Simeone y a Ruggeri con 15 años, a Russo, a Ruggeri, a Brown, a Patricio Hernández. Esos videos son valiosos. Hay videos en que están jugando y también en los aeropuertos. Yo siempre andaba con la cámara filmando, primero con una Súper 8 y después lo pasé todo a video.

 

- ¿Fue positiva su incursión en la política queriendo ser presidente?

- Para mí sí, para mi familia no. Yo quise y me metí, me metí como loco. Estuve un año y medio. Fue el primer partido político del siglo, eh. Lo presentamos a la 1 de la mañana del primer día del 2000, en una confitería que está en Suipacha y Corrientes.

Estábamos bien, estábamos muy bien. Pero tuve que gastar muchísima plata, porque todo el que se te acerca te dice ‘yo te apoyo, sí ...’ y yo no quería condicionamientos.

 

- ¿Por qué se automarginó?

- Porque se acabó el dinero. Para ser presidente hay que haber tenido otro cargo antes, tener dinero para poder trabajar, sino no se mueve nadie.

 

- ¿Con qué personaje de la historia le hubiese gustado tomar un café?

- De los que me quedan, Mandela.

 

- ¿Y con quién pudo?

- Pude hablar con muchos presidentes, con Khadafi. Me hubiese gustado hablar con Mandela porque quería saber por qué Mandela y Khadafi dicen ‘Africa para los africanos’. Por el lado de Khadafi lo sé, por el lado de Mandela no.

Conocí a la Madre Teresa en Calcuta, estuvimos hablando casi una hora. Y mucha gente a la que uno se fue arrimando. Para mí uno de los grandes personajes de Argentina fue el profesor Bernardo Houssay, Leloir, con toda esa gente fuera de serie pude hablar.

 

- ¿Cuál fue el motivo de su última lágrima?

- Cuando llegué a Sevilla la segunda vez. Me llamaron luego de la primera vez que había estado con Maradona y Simeone, y yo le decía que no. No podía porque el club estaba mal. Y esa noche lloré, delante de todos los jugadores entre los que estaba Matías Almeyda. Lloré porque a mí me habían ayudado mucho los jugadores del Sevilla y los periodistas en mi primera etapa. Eso me dolió muchísimo.

 

- ¿Qué es el amor en su vida?

- El amor es la gente que uno tiene y quiere. El amor que tengo por mi esposa, por mi hija, por mi nieto que tiene 5 años. Ahora cuando me voy afuera extraño, antes no, pero ahora quiero estar con ellos. En momentos difíciles - difíciles están ellos.

Hay grandes personajes que tienen detrás de ellos a mil o dos mil personas por día, y después queda sólo la familia.

 

- ¿Qué cosas extrafutbolísticas lo atraen?

- A mí me atrae ver fútbol. Y me atrae estar en el hospital. Voy mucho al Otamendi, al Diagnóstico. Me encanta la vida del hospital, me enloquece.

 

- ¿Y qué hace en los hospitales?

- Y hablo con los muchachos, quiero decir con los médicos, ellos me dicen que vaya a ver algunos casos lindos para analizar. Bueno, lindos para analizar es una forma de decir. Vieron cuando un médico dice ‘fue una operación bárbara’ ... bárbara para vos que la hacés, para el enferno no es bárbara.

Hablo con ellos, me quedo en la guardia.

 

- En la guardia le deben preguntar más de fútbol que de apéndices ...

- Sí, generalmente enseguida me conocen y nos ponemos a hablar de fútbol.

 

- ¿Cuál es su lugar en el mundo?

- Mi casa, yo en casa estoy bien.

 

- Y, tiene 6.000 videos para ver ...

- Sí (risas) ... Ahora los tengo desparramados, porque lo estamos pasando a CD.

 

- Cuando viaja y tiene que llenar un formulario, ¿qué pone? ¿futbolista, técnico, médico, periodista?

- Esta bien esa pregunta. Es según a donde voy. Si voy a Italia, me conviene poner director técnico de fútbol, porque ellos ven y ¡mamita!. Usted pisa Italia, pisa España o Alemania o Francia, y enseguida fútbol.

Cuando voy a Estados Unidos, pongo doctor.

Y según al país que vaya, pongo doctor, técnico o a veces empresario.

 

- ¿Quién es Carlos Bilardo? Imaginemos un diccionario. Carlos Bilardo, dos puntos. ¿Usted qué pone?

- Un hombre que nació en un barrio, le fue muy bien en el estudio, se recibió de médico, jugó al fútbol, llegó en un club como Estudiantes de La Plata a ser campeón, luego le tocó dirigir a la selección Nacional, salió campeón, salió subcampeón... y que hizo y dijo lo que quiso. No le debo nada a nadie, no le debo ningún favor a nadie.

 

Carlos Salvador Bilardo, un personaje que hizo y dijo lo que quiso. Siempre.

 Marcelo Mármol De Moura.

 


 

ENTREVISTA A DANIEL BERTONI

 Hablamos con uno de los campeones mundiales del fútbol argentino, protagonista de varias hazañas en los campos de juego.

 Ricardo Daniel Bertoni fue uno de los grandes delanteros de nuestro fútbol y tuvo un halago que pocos pueden disfrutar: marcó un gol en la final de un Mundial.

Con él hablamos de su vida, del fútbol y de otras yerbas. 

¿Cómo fue esa hazaña del 25 de enero de 1978, cuando Independiente se consagró campeón en Córdoba con tres jugadores menos?

Yo venía de una lesión y retorné justo para esa final, donde tuve la suerte de hacer una pared con Bochini y Biondi que terminó en gol y pudimos ser campeones jugando con tres jugadores menos. Fue una hazaña verdaderamente.

 ¿Cómo fue tu experiencia europea?

Para mi fue muy lindo. Primero estuve en España dos años y después siete años en Italia. Creo que dejé un buen recuerdo como persona y como jugador de fútbol, eso es lo más importante, ser ídolo adentro y afuera de la cancha.

Pude allí vivir una vida de primer mundo. Los que hemos viajado sabemos lo que es vivir en el primer mundo. A veces dicen que acá vivimos en el primer mundo, pero lamentablemente tengo que decir que estamos a muchos años luz de los países europeos. Aprendí muchas cosas de la vida y culturalmente también crecí.

 Vos estuviste en Nápoli con Diego. ¿Cómo fue toda esa historia que terminó en leyenda?

Nápoles es una ciudad que tiene un modo de vivir muy parecido al de los argentinos. Allá viven el fútbol toda la semana. Muchos no tienen para vivir o para comer, pero van a la cancha igual.

El primer campeonato que estuvimos llegamos octavos, llegó Bagni, llegó Diego, llegué yo. El equipo estaba empezando un proceso futbolístico que lo llevaría a campeonar.

El segundo campeonato salimos terceros, peleando el título con la Juventus y el Milan.

Si nuestro técnico hubiese arriesgado un poquito más, yo creo que hubiesemos ganado ese campeonato.

Al año siguiente yo me fui a Udinese, quedó Maradona, hicieron un par de compras y salieron campeones.

 ¿Cómo te llevaste con las tentaciones de la fama?

La cuestión es no contaminarse tanto, porque a quién no le gusta salir, tener fama, tener su coche, que la gente lo reconozca, que le pidan un autógrafo, tener con las mujeres mayor posibilidad de éxito ...aunque también podés tener tus reveses, porque no necesariamente tenés que gustar. Podés ser muy famoso y muy feo.

Pero el fútbol te da muchas cosas, posibilidad de conocer gente importante. Después vos sos el que tenés que elegir, el que tenés que saber hasta donde llegar.

Se hace difícil poder manejarlo y sobre todo cuando sos chico.

 Repasando tu carrera, observé que jugaste con extraordinarios números 10. ¿Podés dejar algún párrafo de alguno de ellos?

Bochini fue con el que mejor me entendí. Tuve una gran amistad, vivió en mi casa, es un hermano más para mi. El Bocha llegó donde llegó por sus dotes futbolísticas.

Después jugué con Maradona, un gran campeón, uno de los mejores jugadores que existió con Pelé y Cruyff.

Jugué en contra de Platini, jugué con Giancarlo Antognoni, con Kempes, con el Beto Alonso, con Villa, con Valencia.